lunes, 2 de julio de 2018

Lo dicho por la ministra para la Transición Ecológica en 'El País'


MADRID.- La gestión del agua es uno de los retos medioambientales de España, según Teresa Ribera. La ministra para la Transición Ecológica advierte hoy en El País: "estamos a punto de recibir la notificación de multas coercitivas muy importantes por el incumplimiento de las obligaciones de saneamiento y depuración".

El anterior Gobierno intentó lograr un pacto nacional del agua, que incluyó negociaciones entre PP y PSOE. Ribera no renuncia a buscar lo mismo. "Me encantaría y me comprometo a intentarlo. Creo que el anterior Gobierno trabajó en muchos temas de agua, algunos pueden formar parte de elementos que se ofrezcan para el pacto del agua". 
Sin embargo, añade: "Repasando los 30 últimos años de nuestra historia, por no remontarnos más atrás, uno se da cuenta de lo que nos cuesta como país, como sociedad, entender la trascendencia que tiene este recurso y la trascendencia que tiene ponerse de acuerdo en cómo utilizarlo". 
Y, ¿pondrá fecha de caducidad al trasvase del Tajo al Segura? "Las aportaciones extraordinarias deben ser eso. Durante muchos años hemos tenido delante el mito del déficit hídrico, cuando en realidad no hay cuencas deficitarias ni excedentarias, porque cada cuenca tiene lo propio de cada una. Puede ser que en algún momento se necesite un apoyo extraordinario, pero hay que dimensionar las cosas y que no pase a ser la regla: lo extraordinario no se puede convertir en ordinario, que todos los meses o todos los años tengamos que hacerlo. 
Eso plantea problemas muy serios en cuanto al caudal ecológico, de calidad del recurso. Claro que tenemos que garantizar un acceso a agua potable para consumo humano en las regiones más secas, y pensar en cuáles son las necesidades para otros usos industriales y económicos. 
Pero, en ese caso, las soluciones tienen que ser distintas, más eficientes y hay que partir de una premisa fundamental: no podemos pensar en una política de agua basada en aquello que se demande se tiene que ofertar. (...) No tiene sentido pensar en que vamos a impulsar macrodesarrollos urbanísticos o grandes explotaciones de regadío porque, aunque no haya agua, ya nos la darán".

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